Esto sí que es el colmo. Ahora hasta los dos temas principales sobre los que critico en esta sección tuvieron la oportunidad de juntarse, y debido a un acontecimiento en nuestro propio y subdesarrollado país. El lado bueno (desde mi punto de vista, claro) es que lo único que hace es corroborar lo que siempre estoy mencionando en esta columna: la debilidad mental de la poca evolucionada especie humana y la ineptitud de los políticos que la rigen.

Como ya muchos deben saber (y hasta yo supe, y eso que no acostumbro ver la televisión) el miércoles 9 de septiembre un vuelo de Aeroméxico procedente de Cancún, fue “secuestrado” por un fanático religioso llamado José Mar Flores Pereira, originario de Bolivia.  Y escribo “secuestrado” entre comillas debido a que mientras las noticias fluían los medios nos dieron a entender que el caso era realmente importante. Y también nos lo dio a entender el supuesto operativo de la Policía Federal para “rescatar” el avión, una vez que estuvo en tierra.

Hasta el presidente Calderón felicitó públicamente los “esfuerzos” de las corporaciones que “atendieron” el caso y “ejecutaron” la mejor de las acciones para contrarrestar la “amenaza”. Y ya se imagina n por qué puse todo esto entre comillas. Nunca hubo una amenaza real ni mucho menos una coordinación para enfrentarla.

Después de terminada la odisea, conforme las personas envueltas en el evento expusieron sus experiencias, la imagen que surgió fue la de un intento de llamar la atención (de parte de los dirigentes de la policía) que se arregló incluso antes de llegar a tierra, por el propio personal de la aeronave. De modo que cuando el avión aterrizó, el secuestrador ya no era la amenaza que nunca había sido (pero que se tomó como si lo fuera por el personal de abordo, debido a que ya están curados de espanto en todo el mundo después del 9/11).

Así, en varias entrevistas en varios noticieros, de lo que cualquiera se pudo dar cuenta fue de que el gobierno solamente se preocupó por hacer un teatro que le conviniera una vez el avión tocó tierra.  Quisieron mostrar como siempre lo que no tenemos: corporaciones expertas en ese tipo de amenazas que saben qué hacer y cómo hacerlo… y políticos de igual forma. La verdad siempre fue que la amenaza ya se había neutralizado antes de que la policía interviniera, y de hecho llegaron tarde como siempre, cuando incluso ya habían salido la mayoría de los ocupantes del avión.

Eso sí, para verse bien en la cámaras, la policía salió arrestando a varias personas inocentes, a pesar de que el mismo secuestrador había confesado dentro del propio avión que él era el único responsable del secuestro. Bueno, él y el Espíritu Santo, según mencionó.

Lo que nos lleva al segundo tema importante que se desprende de este evento. Y es que en las noticias comentaban los reporteros que las instancias pertinentes les dijeron que iban a investigar si es que el secuestrador tenía problemas psicológicos. No les fue suficiente con saber que el fanático religioso proclamaba que Dios le había revelado que el 9 del 9 del 9 (el 9 de Septiembre de 2009) era una fecha que estaba relacionada con el demonio debido a que volteando los números se creaba el famoso “numero de la bestia” apocalíptica. No les bastó con saber que José Mar Flores ya había estado en la cárcel y había sido drogadicto y alcohólico. No les bastó con saber que había secuestrado un avión con tres latas de jugo envueltas en cinta canela diciendo que era una bomba. Aun iba a investigar si tenía problemas psicológicos. ¿Cómo la ven?

Por ahí se dice que no debemos prejuzgar a las personas sin conocerlas. La verdad es que si no juzgamos a las personas no las conoceremos. (¿Por qué creen que existen los divorcios?) Y no se necesita mucho juicio para reconocer a alguien que no está bien de la cabeza cuando las señales son obvias. Lo bueno fue que el personal del avión secuestrado al parecer se percató de ello y supo  cómo manejarlo. Lo que no se puede decir de la policía que intervino y principalmente de sus dirigentes.

El caso es que aquí está un ejemplo más de lo que las religiones causan en las mentes humanas. Y más en las que no están completas. Pero ¿saben qué es lo peor? Que el ahora famoso José Mar Flores es un ministro cristiano que tiene a su mando a una legión de personas que creen, si no en lo mismo que él cree, en creencias parecidas. Ya andan (como es de esperarse) en YouTube un sinnúmero de videos del fanático compartiendo sus experiencias y su “conocimiento” a sus feligreses… y mostrando su experiencia con armas marciales y pistolas. Para que vean que no necesitamos citar ejemplos de fanatismo religioso del Islam o de religiones del medio oriente, para corroborar que hacen mal en muchas personas. Ya tenemos un ejemplo en casa, y en una religión que se considera “no extrema”.

Hasta la esposa y la madre de José Mar Flores lo defienden en las entrevistas, mencionando que “si dice que se lo dijo Dios es que debe ser importante” y que “si bien pudo no haber sido la mejor manera de dar a conocer su revelación” era importante que el pueblo mexicano lo supiera.

¿Qué podemos esperar de nuestra sociedad cuando este tipo de personas (que de hecho se pueden tratar como equivalentes de muchos políticos) mueven a las poblaciones? Ahí se los dejo de tarea.  Analícenlo y si pueden digiéranlo. De cualquier forma no podemos hacer mucho para evitarlo. Lamentablemente como ya he mencionado muchas veces, estos casos suceden debido a que se encuentran genéticamente impresos en la naturaleza humana. Para bien o para mal. Los humanos cada vez corroboran que sus primos los chimpancés deben sentirse cada vez peor de estar emparentados.