Después del descanso de la semana pasada (por falta de etiempo y honestamente también de inspiración), escribo este post. Y regreso de nuevo con un tema de los que habitualmente me gusta explorar: la naturaleza animal humana que muchas personas tanto intentan negarse a sí mismas. En otras palabras otro tema que prueba que Charles Darwin ni se imaginaba de lo que su idea lograría ayudarnos a corroborar aun más de 100 años después de su muerte.

Esta vez, el tema vino a mi interés debido a la relación con el tema de la semana antepasada cuando escribí sobre el Neuromarketing y la manera inconsciente en que tomamos muchas decisiones. Como suele resultar después de investigar sobre un tema, ese mismo me llevó a otro y, en este caso muy para mi complacencia, me encontré con un libro llamado Blink, escrito por Malcolm Gladwell (sobre el cual mencione debería ser obligatorio para todo mercadólogo). Obviamente el libro contiene mucho más de lo que puedo escribir en este pequeño espacio (todo igualmente de interesante), pero intentaré explicar por qué es interesante en cuanto al tema de esta sección.

Todos hemos escuchado sobre “poderes mentales”. Hemos visto películas sobre el tema. Hemos leído historias que se basan en ello, o incluso tenido experiencias directas o indirectas al respecto. Sin embargo, siempre se ha considerado una especie de tema paranormal. Y la verdad, ¿quién no desearía tener la habilidad de saber los eventos antes de que sucedan, o de poder leer las mentes de otras personas?

Es una especie de universalidad humana el soñar con tener o experimentar ese tipo de poderes. ¿Por qué creen que muchas películas o historias famosas se basan en que sus personajes principales pueden utilizar alguna variante de ese tipo de poderes? Bueno pues resulta que, hasta cierto punto, todos los tenemos.  Y la verdad es que no resulta nada del otro mundo. Nacemos con ellos. O mejor dicho, nacemos con habilidades que pueden confundirse con poderes extrasensoriales. Para ser más precisos, nuestros antepasados nos han heredado genes que, aunque primitivos, nos ayudan a lidiar con situaciones de maneras que podemos encontrar tan ilógicas que las consideramos paranormales.

Si siguen esta sección, ya me habrán leído mencionar algo sobre cómo es que nuestro cerebro funciona en mucha parte ajeno a nuestra consciencia. Existe una parte que decide y siente por nosotros antes de que seamos conscientes de ello. Y precisamente esa es la parte que entra en acción cuando llegamos a pensar que tenemos poderes mentales. Me explicará con una historia que se menciona en el libro del que les comenté al principio.

Gary Klein, un experto en toma de decisiones, una vez le hizo una entrevista al comandante del departamento de bomberos de Cleveland, como parte de un proyecto que consistía en conseguir que algunos profesionales hablaran sobre situaciones en las cuales tuvieron que tomar decisiones rápidas. La historia que el bombero le contó fue sobre una llamada a la que había acudido años antes, cuando era teniente. El incendio estaba en la parte trasera de una casa de una sola planta en una zona residencial, en la cocina. El teniente y sus hombres rompieron la puerta, sacaron las mangueras y cargaron la línea, lanzando agua a las flamas de la cocina. Algo debió haber pasado en ese punto: las llamas debieron disminuir. Pero no lo hicieron. Así que los bomberos rociaron de nuevo. Aun así, no parecía hacer la diferencia, así que se retiraron a la sala y ahí, de repente, el teniente pensó que algo andaba mal. Volteando hacia sus hombres les dijo “Salgamos, ya!” y momentos después de que lo hicieron, el piso donde estaban parados colapsó. Resultó que el fuego venía del sótano.

“El teniente no supo porque les había ordenado a todos que salieran,” recuerda Klein. “Él creía que había sido ESP (Percepción extra sensorial). Y lo decía en serio. Pensaba que tenia ESP, y sentía que ese poder lo había protegido durante toda su carrera.”

Klein es un investigador de decisiones con un doctorado, un hombre muy inteligente, y no estaba satisfecho con esa respuesta. En vez de eso, por las siguientes dos horas, hizo que el bombero recordara varias veces los eventos de ese día, en un esfuerzo por documentar de forma precisa lo que el teniente sabía y lo que no.

“Lo primero fue que el fuego no se comportaba como debía,” dice Klein. El fuego en la cocina debió responder al agua. Este no lo hizo. “Se habían regresado a la sala,” prosiguió Klein. “El teniente me contó que siempre mantiene sus orejeras levantadas para darse una idea de qué tan caliente está el fuego, y se había sorprendido de lo caliente que estaba incluso la sala. Un fuego de cocina no debía ser tan caliente. Muchas veces una señal de experiencia es notar lo que no pasa, y otra cosa que le sorprendió fue que ese fuego no era ruidoso. Era silencioso, y eso no tenía sentido tomando en cuenta el calor que hacía.”

En retrospectiva, todas esas anomalías tenían perfecto sentido. El fuego no respondía a ser rociado en la cocina ya que no estaba centrado en ella. Era silencioso debido a que el piso enmudecía el sonido del fuego debajo. La sala estaba caliente debido a que el fuego se encontraba debajo, y el calor sube. Sin embargo, en el momento, el teniente no hizo ninguna de estas conexiones conscientemente. Todos sus pensamientos se llevaban a cabo detrás de la puerta cerrada de su inconsciente.

Este es un hermoso ejemplo de sistema límbico en acción (la parte inconsciente de nuestro cerebro). La computadora cerebral del bombero instantáneamente y sin esfuerzo encontró un patrón en el caos. Pero seguramente el hecho más sorprendente sobre ese día es lo cerca que todo estuvo del desastre. Si el teniente se hubiera detenido a pensar y discutir el asunto con sus hombres, pudo haber destruido su habilidad para saltarse a la revelación que salvó sus vidas.

Claro que este es un ejemplo favorable de lo que nos dieron nuestros homínidos antepasados. Ya escribiré después sobre la parte oscura de nuestros heredados instintos primitivos.