Pareja discutiendo

Ya anteriormente había escrito en este blog sobre temas relacionados con la manera en que la evolución nos ha dado metodos para comunicar lo que pensamos o lo que sentimos sin que seamos conscientes de ello, y de que con el tiempo hemos perdido la habilidad de sacar partido de este instinto.

Precisamente esta vez ahondaré en el tema de predecir el futuro de una relación interpersonal analizando los patrones que instintivamente existen en las personas y que, si sabemos cómo leerlos, nos daremos cuenta de que son la mejor forma de evitar que, varios años después, salgamos con que “a Chuchita la bolsearon”. Aunque la verdad, y después de analizarlo, se darán cuenta de que, inconscientemente, a chuchita le gusta que la bolseen. Es solo que luego quiere creer que no es cierto. Ya me explicaré en otro post, así que ahora a lo que nos toca esta vez.

El cuarto del amor
Hace ya varios años, una pareja llegó al laboratorio del Dr. John Gottman, en la Universidad de Washington. La pareja se instaló en un cuarto donde se le colocaron aparatos para medir sus reacciones corporales y se colocaron cámaras que grababan a cada uno durante el tiempo que estuvieran ahí. Se les instruyó que platicaran por 15 minutos sobre cualquier tema que haya sido motivo de discusión en su relación de casados, y se les dejó solos en el cuarto. Para la pareja, Bill y Sue, ese tema era su perro. Ellos vivían en un pequeño apartamento y acababan de conseguir un gran perro. A Bill no le gustaba el perro, pero a Sue sí. Durante los 15 minutos, platicaron sobre que harían con la situación. El video resultante puede parecer simplemente una conversación sin importancia en la vida de la pareja. Ninguno se enoja y no hay escenas telenovelescas.
“No soy una persona de perros”, es como comienza la plática Bill, con un tono de voz razonable. Se queja del perro, no de Sue. Ella también se queja, pero hay momentos en los que se les olvida que estaban discutiendo. Sin embargo, cuando llegan al tema de si el perro apesta o no apesta, la discusión sigue, aunque ambos medio sonríen mientras discuten.

Sue: Mi perro no apesta…
Bill: ¿Lo oliste hoy?
Sue: Lo olí. Y olía bien. Lo acaricié y mis manos no terminaron apestosas o sebosas. Tus manos nunca han olido sebosas.
Bill: Si, señor.
Sue: Nunca dejaría que mi perro oliera seboso.
Bill: Si, señor. Es un perro.
Sue: Mi perro nunca esta seboso. Debes ser cuidadoso.
Bill: No, tú debes ser cuidadosa.
Sue: No, tú debes ser cuidadoso… no llames seboso a mi perro, chico.

Patrones emocionales
Calculo que muchas personas pueden creer que no se puede decir mucho del futuro de la relación de Sue y Bill solamente por esta conversación. A la gente le gusta creer que un matrimonio se trata de muchas más cosas que la discusión sobre el perro de ambos. Que para conocer a una pareja es necesario conocerla en todos los ambientes y estados de ánimo posibles, por varios meses. Nos gusta creer que para hacer una predicción de este tipo necesitamos mucha información sobre ambos. Pero John Gottman ha probado con incontables estudios que esta es otra mera ilusión.

Con una técnica desarrollada por el mismo, a la que llama SPAFF (Specific Affection), Gottman ha descubierto que en toda relación interpersonal existen patrones emocionales que la definen casi desde el momento en que inicia. Y lo que resulta sorprendente para la mayoría es que, basado en sus cálculos, Gottman ha probado que si analiza una hora de charla entre una pareja casada, puede predecir con un 95% de posibilidad si esa pareja estará casada dentro de 15 años. Si escucha a la pareja por solo 15 minutos, su posibilidad de predicción solamente baja 5% (queda en 90%). Y además, en algunas ocasiones, solamente necesita ver la conversación por 3 minutos para obtener buenos porcentajes y saber cuáles parejas lograran seguir juntas y cuáles no.

El meollo del asunto está en que, aunque parezca una discusión sin más importancia, la de Bill y Sue muestra la manera en que ambos piensan, sienten y actúan en variadas situaciones, y que viene implícito en sus personalidades, es decir, que sería iluso pensar que puede ser fácilmente corregible. Por ejemplo, con sus respuestas Bill demuestra que es una persona altamente defensiva ya que siempre responde con la táctica de “Si, pero…”, pareciendo que está de acuerdo para después retractarse. En cuanto a Sue, la mayoría de las veces mientras Bill hablaba ella volteaba sus ojos rápidamente, una señal explicita de desprecio a la opinión de Bill, además de que en varias ocasiones asumía una pose autoritaria y cerraba sus ojos, estas también clásicas señales de desprecio.

Pero en ningún momento la pareja mostró señales directas de hostilidad. Es decir, no saltaba a la vista que la discusión fuera una guerra. Y Gottman descubrió lo mismo en la mayoría de las parejas que estudió. Lo que esto nos sugiere es que todas las parejas tienen un patrón distintivo, una especie de DNA marital, el cual sobresale en cualquier tipo de discusión importante entre ambos (si se sabe como leer) pero que sin embargo pasa desapercibido para la pareja misma, a pesar de que sea una parte inherente de sus personalidades.

Por eso Gottman le pide a las parejas que cuenten la historia de cómo se conocieron, debido a que ha descubierto que cuando ambos miembros de la pareja recuerdan el más importante episodio en su relación, ese patrón aparece rápidamente desde la primera vez que se conocieron.  Y nada de malo tendría el ser así, sino es porque, aparte de que ese patrón no desaparecerá con el tiempo, en muchos de los casos se intensifica y, cuando por fin la pareja se da cuenta del problema, ya han desperdiciado mucho tiempo de sus vidas en una relación que al menos a uno de ellos no lo (o la) llevó a la tan buscada felicidad y mucho menos a crecer personalmente.

El final de la historia
Para quienes quieren saber el final de la historia de la pareja estudiada, cuando a la mujer se le pidió recordara el día que se conocieron, ella comentó: “Nos conocimos un fin de semana de esquí, y el estaba ahí con sus amigos, y como que me gustó e hicimos una cita para salir juntos. Pero esa noche bebió mucho y se fue a dormir y me dejó esperando tres horas, y cuando lo llamé lo desperté y le dije ‘no me gusta que me traten así, no eres una buena persona’ y él me dijo ’sí, sí, es que bebí demasiado.’ ”
Y eso fue el día que se conocieron. ¿A qué discusión les recuerda? ¿Que podemos esperar de su futuro?

John Gottman

John Mordecai Gottman es doctor en psicología y es conocido por su trabajo en estabilidad marital y analisis de relaciones a través observacion científica directa, publicados en literatura revisada por expertos. Gottman es Profesor Emérito de psicología en la Universidad de Washington, y con su esposa la Doctora Julie Schwartz dirige un instituto de investigación sin ánimo de lucro llamado The Relationship Research Institute y también una escuela de entrenamiento llamada The Gottman Institute.