Evolución

Mientras me encontraba pensando sobre qué escribir esta semana, recordé que ya tenía días de no consultar los comentarios de los usuarios de la versión en línea de Códice.  Tenía yo la idea de que alguno de esos comentarios podría ayudarme a decidir sobre qué escribir en Cómo Funciona. Y sucedió. Bueno, más o menos.

Digo más o menos debido a que de hecho ningún comentario me ayudó a decidir, sino más bien la ausencia de comentarios. No me malinterpreten, el sitio web a diario recibe comentarios, pero los que no existen son lo que deberían aparecer en alguna de las ediciones de esta sección de Códice. Y, analizándolo, llegué a la conclusión de que solo puede sed debido a dos cosas: 1) poca gente que lee lo que escribo comprende o le interesan los temas de Cómo Funciona, ó 2) quienes lo leen y lo entienden, sean muchos o pocos, no tienen mucho que comentar debido a que simplemente están de acuerdo.

Espero que sea por la segunda. Pero si es por la primera, veremos si el tema de esta semana fomenta alguno que otro comentario digital. Aunque no soy fanático de comenzar polémicas religioso-políticas, es tiempo de hacer un investigación del nivel intelectual de los lectores de esta sección. Y como en toda investigación científica, la respuesta, o falta de ella, serán resultados de una u otra forma.

“Solo una teoría”
Antes de cualquier otra cosa, y aunque suene incongruente con el título de este párrafo, la evolución es un HECHO. Más allá de toda duda razonable, duda seria, duda informada o duda irracional, la evolución es un hecho científico. La evidencia de ésta es al menos tan fuerte como la evidencia de que los planetas giran alrededor del sol (y no alrededor de la Tierra como antes de Copérnico se pensaba).

Es la simple y llana realidad que somos primos de los chimpancés, primos algo más lejanos de los monos, más lejanos aún de los manatís y mucho más lejanos de las bananas… siguiendo la lista hasta donde lo desees, hasta el principio de la vida misma en el planeta. Sabemos esto porque un torrente creciente de evidencia lo soporta. Ningún científico respetable lo niega y ninguna persona inteligente e imparcial podría dudarlo si lo estudia.

Ahora bien, ya sabemos que existe una especie de guerra de declaraciones entre quienes se sienten amenazados por que el concepto de evolución se encuentre en contra de lo que sus creencias religiosas dicen, y quienes defienden la evolución como la manera de explicar la vida desde sus orígenes. Entonces ¿por qué hasta los mismos científicos que la soportan la llaman TEORÍA? La respuesta es simple pero pocos la conocen. La palabra teoría tiene dos significados (de hecho más, pero los que nos interesan son dos solamente).

Teoría (1): Un esquema o sistema de ideas o declaraciones que se mantienen como una explicación o reporte de un grupo de hechos o fenómenos; una hipótesis que ha sido confirmada o establecida por observación o experimentación, y es aceptada como un reporte de los hechos conocidos; una declaración de lo que se consideran las leyes generales, principios o causas de algo conocido u observado.

Teoría (2): Una hipótesis propuesta como una explicación; por lo tanto una mera hipótesis, especulación, conjetura; una idea o conjunto de ideas sobre algo; una visión o noción individual.

Obviamente ambas descripciones del concepto son diferentes, y se nota a simple vista cual de las dos es las que tienen en mente tanto un lado como otro del argumento en pro y en contra del concepto de evolución.

Pero la realidad es que los científicos y en general las personas bien informadas que defienden la teoría de la evolución tienen en mente el concepto científico de la palabra teoría. Sin embargo no pueden evitar que el otro lado abrace el segundo término. Después de todo, es el que les conviene para que no se les caída su mundito.

Ni Darwin sabía…

Como siempre, cuando se trata de algo científico, lo que la gente sabe como cultura general muchas veces no es correcto y se convierte en una especie de leyenda urbana. En este sentido, puede resultar sorpresa para muchos que la verdad Darwin nunca expresó que “proveníamos del mono”.

Es más, aunque el naturalista inglés sí escribió sobre la evolución humana, nunca se metió en los dominios de lo que consideraba “más allá de lo natural”, léase los orígenes de la vida y la sustitución de dios por el algorítmico proceso evolutivo.

Darwin nunca se metió con el origen de la vida debido principalmente a que “comenzó en el medio”. Es decir, que en tiempos de Darwin no se tenía el concepto de gen ni una explicación científica de las leyes de la herencia genética. Sin embargo, sus conclusiones son tan válidas hoy como lo fueron antes. Por eso precisamente Darwin es Darwin.

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