El Amor

Lo vemos cada semana en el cine. Todos los días en las telenovelas (quienes las ven, claro). Cada año en el famoso Día de San Valentín. Hablan de él desde los candidatos hasta el pastor y el sacerdote de tu iglesia (que para el caso son lo mismo, si saben a qué me refiero). Pero, la pregunta que casi todo el mundo se hace al menos una vez en la vida es: ¿Existe realmente el amor?

La verdad, la pregunta que deberían hacerse no es esa sino esta: ¿Para qué existe el amor? Independientemente del concepto que se tenga de la palabra, el amor existe. O al menos eso a lo que la gente llama amor, existe. Aunque, como seguido menciono a quienes me hacen esa pregunta, no necesariamente es lo que esperan que sea. O lo que sueñan que sea. Y de ahí la razón por la que se lo preguntan cuando se encuentran en problemas “amorosos”.

Resulta que el amor es el resultado de una serie de procesos biológicos tanto corporales como mentales, que evolucionaron a través de millones de años para una sola razón: mantener la existencia de la especie. Suena demasiado simple, pero así es. A las personas les gusta pensar que es algo más, que hay algo mucho más grande y hasta cierto punto espiritual. Pero no. La explicación de su origen dejará las cosas más claras.

El origen del amor
El ser humano es un animal social. La evolución de la capacidad cerebral de la especie ha fomentado la sociabilidad, así como esa tendencia a ser social ha fomentado la evolución de su cerebro. Resulta que, para compensar el crecimiento del un cráneo que pudiera contener un cerebro cada vez más grande, el bebé humano necesitaba desarrollar su capacidad una vez nacido. Si el cerebro se desarrollara completamente dentro de la madre, el nacimiento del bebé sería mucho más riesgoso debido al tamaño del cráneo.

demás, para desarrollar efectivamente la capacidad de su inteligente cerebro, el niño debía ser cuidado por varios años durante los cuales aprendería y crearía las conexiones neuronales necesarias para secar provecho de la capacidad de su materia gris.

Así, a diferencia de la mayoría de las otras especies animales, los seres humanos no solamente requieren de un sistema biológico que los mueva a buscar una pareja para procrear, sino que para nosotros es necesario establecer una forma de coexistencia con la pareja el tiempo suficiente para que el hijo o los hijos desarrollen su capacidad intelectual, capacidad de la que dependen para sobrevivir ya que, a diferencia de un León, no dependen de su fuerza, o de una gacela, no dependen de su velocidad.

El amor, tomando en cuenta lo anterior, fue el método que evolucionó para permitir que una pareja que procrea duren unidos el suficiente tiempo como para que su hijo sea independiente. Así de simple. Claro que los detalles no son tan simples como la generalización que resulta después de haberlos  descubierto y comprendido. Pero, sin entrar en detalles para los que no tenemos espacio, los explicaré rápidamente para que no quede en algunos lectores la sensación de que no hay pruebas convincentes de esta aparente simplicidad biológica.

La química del amor
Helen Fisher, experta en antropología de las relaciones, divide la experiencia del amor en tres etapas que se superponen en parte: deseo, atracción y lazo.  El deseo mueve a una persona hacia otra; la atracción alienta a la persona a establecer una relación con otra; y el lazo implica la capacidad de tolerar a la pareja lo suficiente para criar al hijo durante su infancia.

La etapa inicial, el deseo sexual, implica la incrementada liberación de hormonas como la testosterona y el estrógeno. Sus efectos raramente duran más de unas pocas semanas o meses. La Atracción, en cambio, es el deseo romántico más individualizado por un candidato específico para establecer como pareja, el cual evoluciona después del deseo cuando se forma el compromiso hacia la pareja elegida.

En esta segunda etapa, el cerebro consistentemente crea y libera cierto conjunto de químicos, incluidas feromonas, dopamina, norepinefrina, y serotonina, las cuales actúan de forma similar a las anfetaminas, estimulando el centro de placer del cerebro y llevando a efectos secundarios como pulso acelerado, pérdida de apetito y sentimiento incrementado de emoción. Estudios muestran que esta etapa dura normalmente de 1 y medio a 3 años.

Debido a que el deseo y la atracción son consideradas etapas temporales, una tercera es necesaria para crear las relaciones de largo plazo. El lazo  es el vínculo que promueve que las relaciones duren varios años o incluso décadas. Esta etapa está ligada a mayores niveles de oxitocina y vasopresina, a un mayor grado que las que tienen las relaciones a corto plazo, donde también pueden influír.

Así que, ahora ya tienen una perspectiva más completa de porqué existe eso que llamamos amor y que tantas mariposas en el estómago nos hace sentir a veces. Ahora ya saben inclusive por qué se dice que los efectos del amor son comparables con los que sienten los drogadictos.

Cuando el amor se va
Como dato extra, es importante resaltar que distintas personas tienen distintas capacidades de generar y liberar las hormonas y los químicos implicados en el amor. Dicho esto, ahora ya pueden imaginarse que ésta es una de las razones por las que existen los divorcios, y por qué una pareja que jura estará unida toda su vida, 6 años después ya ni se hablan. Aunque muchas veces fue simplemente porque no lo vieron venir desde un principio.