Los químicos que nos mueven: la dopamina

Dopamina

Sé que aún existen (y seguirán existiendo por mucho tiempo) personas a quienes les gusta pensar (o más bien creer) que lo que deciden o hacen (o lo que les gusta) es por razones “complejas”. De la misma forma existen profesionales de la psicología que aún no aceptan lo que cada día se corrobora con estudios más actualizados: lo que pasa en nuestro cerebro no es tan complicado como a veces creemos… o nos gusta creer.

Y uno de los primeros principios que debemos ir aceptando en cuanto a cómo funciona nuestro cerebro es que depende de químicos. Llamados neurotransmisores, esos químicos son los que intercambian nuestras células cerebrales (las famosas neuronas) para comunicarse entre sí y, en conjunto, hacer funcionar esa masa grasa gelatinosa que consume el 20% de la energía que obtenemos de los alimentos.

Así es: lo que pensamos no es más que un gran intercambio de señales entre las miles de millones de neuronas de nuestro cerebro. Y no solo eso. Lo que pensamos y sentimos muchas veces no es más que un intento de nuestro cerebro para que hagamos lo que a nuestro organismo le conviene para sobrevivir y reproducirse. O le convenía.

Podremos inventarle miles de razones a muchas de nuestras decisiones, pero la realidad es que los procesos que se llevan a cabo en el cerebro para que decidamos algo, muchas veces son mucho más simples de lo que te imaginas… y no para lo que supones tú, aparte. Y para muestra el primero de los 5 químicos que analizaremos en esta serie: la dopamina.

Catalizadores de acciones
¿Qué es lo primero que necesitas para sobrevivir? Ingerir bebidas y alimentos. En dos palabras: conseguir comida. Ahora bien, si es una necesidad, ¿por qué entonces nos gusta comer? Después de todo, podríamos simplemente saber que debemos comer cuando nos da hambre y listo, buscamos la comida.

La respuesta es más simple de lo que te imaginas: porque nuestro cerebro nos engaña para que queramos buscar qué comer, en demasiadas ocasiones aun cuando no tengamos hambre siquiera. Y con lo que nos engaña es con un químico como la dopamina.

Aunque en gran parte es una manera demasiado simplista de definirlo, para el objetivo de esta explicación, debe quedarnos claro que la dopamina es el químico responsable de hacernos sentir satisfechos con el progreso. Es lo que nos hace sentir que es bueno avanzar, que vamos por buen camino para que sigamos avanzando. Cada vez que te acercas a una meta importante y te sientes muy bien por el avance, es tu cerebro liberando dopamina para que quieras seguir sintiéndote así.

Para comprenderlo fácilmente velo desde este punto: nuestros ancestros no tenían segura la comida hace cientos de miles de años: un día podían fácilmente cazar un venado o encontrar frutos nutritivos, pero otro día (o semanas) podían igualmente no encontrar nada nutritivo dependiendo de la temporada del año. En estas condiciones, si no hubiéramos podido enfocarnos en tareas como buscar comida, no habríamos durado mucho ni como individuos ni como especie.

La dopamina, entre muchos otros beneficios, le ayudó a nuestros ancestros a sentirse bien buscando el alimento, tanto en tiempos de escases como de abundancia (cuando les convenía encontrar para acumular para los tiempos de escases, tuvieran hambre o no).

Hoy en día no tenemos que salir a cazar nuestra comida (bueno, algunos en el planeta aún deben hacerlo), pero esa misma dopamina es la que nos hace sentir bien cuando avanzamos en algún proyecto de nuestra escuela o trabajo, por ejemplo. Es lo que nos hace seguir interesados en el corto plazo en avanzar al siguiente nivel en muchos aspectos de la vida: marcar la lista de cosas hechas, conseguir ese ascenso, avanzar en las páginas del libro que escribes, conquistar poco a poco a tu interés romántico.

En palabras simples: la dopamina existe para hacernos sentir bien cuando avanzamos… y para que queramos seguir avanzando. Y esto está muy bien. Sin embargo, tiene su lado oscuro.

La raíz de las adicciones

¿Cuál es el lado oscuro? La dopamina es altamente adictiva.

Debido a que este químico se activa conforme obtenemos un poco más del objetivo que buscamos, la dopamina nos mueve a seguir queriendo sentir de nuevo esa satisfacción. Y todo estaría bien, si no fuera por el hecho de que también podemos querer un objetivo que no es necesario. O peor aún: un objetivo que nos hace daño.

La dopamina es el químico que nuestro cerebro libera también con el consumo de varios narcóticos, y es lo que hace adictos a los drogadictos; lo que los hace siempre seguir queriendo más. La dopamina es también lo que liberan los adictos al juego, haciéndolos sentir bien cada vez que parece que van ganando y los mantiene gastando cada vez más dinero que seguramente ocuparían mejor en otras cosas.

Todos conocemos ese tipo de adicciones y a ese tipo de adictos. Sin embargo, no tienes que ser un jugador compulsivo o una adicta al la cocaína para ser engañad@ por los químicos de tu cerebro: dopamina también es lo que libera tu cerebro cuando sientes la necesidad de ver tus notificaciones de Facebook y tus mensajes de WhatsApp.

Adicción Social

Otro tipo de vicio igual o peor

Se dice que si despiertas en la mañana y se te antoja un trago, eres un alcohólico (o alcohólica). Pues de la misma forma, si despiertas y lo primero que haces (o se te antoja hacer) es checar tu celular para ver las notificaciones, eres una adicta (o adicto)

Te has preguntado: ¿Realmente necesitas traer en la mano el teléfono todo el tiempo? ¿Realmente tienes que revisarlo cada vez que suena una notificación? ¿Realmente tienes que desplazar la timeline de Facebook aun cuando ninguna notificación ha sonado? ¿Realmente necesitas ver lo que te contestaron en WhatsApp aun cuando no tardarás ni 5 minutos en ver en persona quien te mandó el mensaje?

Si eres de l@s que hacen eso, la dopamina que tu cerebro libera cada vez que interactúas virtualmente con “tus semejantes” te ha convertido en un adicto… y puede ser un problemas más grande de lo que imaginas. ¿Pero cuál es el origen de esta adicción moderna?

En el mundo real, la dopamina que nos hace sentir que logramos algo, en el caso de la interacción con otras personas, existe para eso: para interactuar con otras personas. De verdad. De carne y hueso. Físicamente. Sin embargo, desde el advenimiento de las famosas “redes sociales” ese contacto ya no existe físicamente, y la facilidad con que se  puede conseguir virtualmente lo ha convertido en una necesidad que llega a convertirse en adicción.

Como ya lo expliqué en un post anterior (Las Redes Sociales Web), nuestro cerebro evolucionó usando químicos que nos hacen sentir bien cuando conseguimos amigos debido a que nuestra especie es una especie sociable que depende en gran parte de la interacción entre los individuos para formar grupos, de modo que nos recompensa haciéndonos sentir bien cuando interactuamos y así queramos interactuar más veces y con más individuos. El problema es que ese proceso nunca fue diseñado para que la interacción fuera solo virtual.

Si eres adicto a las redes sociales es muy probable que la dopamina que consigues checando tu timeline solamente te mantenga engañad@, haciéndote creer que tienes la vida social que deseas tener… cuando en realidad no la tienes, y lo más probable es que debas ocupar ese tiempo en otras actividades más importantes, sociales o no. De lo contrario un día puedes llegar a darte cuenta de que todo ese tiempo frente al celular o a la PC fue tiempo perdido que le quitaste a las verdaderas amistades, a tus hijos o a tu carrera profesional.

No todos somos iguales
Contrario a lo que te diga la cultura de los derechos humanos igualitarios, no todos somos iguales. Por ejemplo, por naturaleza existen personas más y menos tendientes a la necesidad de dopamina. Así como personas con cerebros que lidian de maneras diferentes con ese y otros neurotransmisores.

Existen quienes necesitan ver un premio al final de cada salida a correr para querer seguir con el hábito. Si estas personas no se establecen “recompensas”, no seguirán perseverando y en unos días dejarán de ejercitarse. Pues de la manera contraria existen personas (aunque sean menos) que no necesitan constantemente checar su timeline de Facebook o sus notificaciones de Twitter para sentirse parte de la sociedad, así como quienes no necesitan un premio para seguir logrando sus objetivos.

Pero, afortunadamente para Mark Zuckerberg (creador de Facebook) y desafortunadamente para la sociedad falta de atención de la actualidad, la mayoría de la humanidad depende más de la dopamina de lo que necesita en realidad. Y se vuelve adicta fácilmente, y hasta sin darse cuenta.