El poder de los hábitos

Los hábitos en realidad mueven tu vida.

Por más que nos guste pensar que somos conscientes de lo que decidimos y que lo hacemos voluntaria y racionalmente, los seres humanos dependemos más de los hábitos de lo que nos gusta aceptar. De hecho varios estudios sugieren que son los hábitos los que dominan nuestro comportamiento de una forma u otra.

Tu mamá también en esto estaba en lo correcto: “lávate los dientes todos los días antes de irte a la escuela… y después de comer. Péinate antes de salir. Siempre di gracias y pide las cosas por favor”.

Tu madre, a su manera, simplemente quería que adoptaras todo eso como hábito para facilitar y beneficiar tu vida. Puede que ella no lo supiera pero se basaba en biología y psicología evolutiva para decirte todo eso y mucho más.

Qué son los hábitos

Por definición, un hábito es “una tendencia o práctica establecida o regular, especialmente una que es difícil de dejar”.

Según esta definición, los hábitos son acciones que llevamos a cabo, pero también (y puede que más importante) incluyen la manera en que pensamos y en lo que creemos. Los hábitos también mueven las creencias que influyen nuestro comportamiento y nuestro pensamiento; hasta la forma de ver la vida y por consecuencia lo que hacemos o no al respecto.

De una manera más completa, un hábito es cualquier forma de pensar y actuar que se convierte en automática, de modo que la gran mayoría del tiempo ni siquiera pensamos en ello. Es decir: existen sin necesidad de ser realmente voluntarios.

Por qué existen los hábitos

En muy pocas palabras, la respuesta a por qué existen los hábitos es muy sencilla: para ahorrar energía. La explicación es un poco más compleja, pero en resumidas cuentas es la que sigue.

El cerebro humano es el órgano que más energía requiere si tomamos en cuenta su tamaño. Solo es 2% de nuestro organismo pero requiere hasta el 20% de las calorías que consumimos como alimento. Es decir que es un órgano costoso de mantener.

La evolución, por consiguiente y buscando ser lo más eficiente posible en el uso de la energía, seleccionó con el tiempo las rutas energéticas que hicieran utilizar al cerebro el menos trabajo posible para llevar a cabo sus procesos.

Los hábitos ahorran mucha energía debido a que evitan que muchas más partes del cerebro se activen para promover alguna acción. El hecho de que sea algo automático libera al cerebro de la necesidad de más proceso cognitivo, lo cual ocuparía más valiosa energía.

Así que, los hábitos son una adaptación evolutiva para ahorrar trabajo cognitivo que nos ocuparía más calorías, precisamente las que no eran necesariamente abundantes en el ambiente en el cual evolucionaron nuestros ancestros.

¿Simple, no? Así es la “magia” de la evolución. No en vano este blog se trata mucho de esto.

Romper un mal hábito y adoptar uno bueno

Ahora bien, así como los hábitos evolucionaron para ahorrarnos energía para acciones necesarias para la sobrevivencia por millones de años, el doble filo de esta espada evolutiva reside en el hecho de que esa misma tendencia a ahorrar energía no solamente nos promueve los buenos hábitos, sino también los malos.

Posiblemente los malos hábitos eran más difíciles de existir hace 10 mil años, pero lamentablemente la modernidad nos trajo la posibilidad de ahorrar energía innecesariamente. Y de ahí surgen los malos hábitos.

Y por esto los malos hábitos son difíciles de romper… y los buenos de adoptar. Pero tampoco es imposible. Solo hay que aprender a engañar a nuestra necesidad evolutiva de ahorrar esfuerzo. Y es una paradoja; pero una necesaria.

El ciclo de los hábitos

El ciclo de los hábitos

Como bien lo explica Charles Duhigg en su libro The Power of Habit, y como ya lo hemos tratado de manera más práctica en posts anteriores con ejemplos como correr por las mañanas, la manera más efectiva de promover un buen hábito es con el método del circuito del hábito.

Según este método, para establecer un nuevo hábito, (y también para eliminar uno malo), necesitas pasar continuamente por un ciclo de tres pasos:

  1. El detonante: el evento que comienza el hábito.
  2. La rutina: el comportamiento que llevas a cabo, es decir el hábito mismo.
  3. La recompensa: el beneficio que se asocia con el comportamiento.

Apliquemos ahora este ciclo a un hábito de ejemplo: correr por las mañanas.

  1. El detonante: Tu despertador suena y tu ropa deportiva está a lado de tu cama porque la noche anterior la pones ahí para que despertando te recuerde que debes salir a correr.
  2. La rutina: te pones tu ropa deportiva y sales a correr.
  3. La recompensa: regresando tomas un relajante baño, después te tomas tu delicioso café y estás list@ para iniciar tu día con energía.

Suena demasiado simple, ¿verdad?

Y lo es. Lo difícil no es el método, sino la consistencia.

Al final, la clave para establecer un hábito bueno o reemplazar un malo con uno bueno es lograr la consistencia necesaria (al principio consciente) para establecerlo como un hábito.

Aquí es donde la mayoría claudica. Todos conocemos a esos escasos amigos que tienen la fuerza de voluntad suficiente como para ser consistentes desde el principio. Para ser altamente automotivados y para quienes la propia acción es la motivación para seguirla llevando a cabo.

Lamentablemente no es el caso de la mayoría por el natural hecho de que nuestro organismo busca gastar la menos energía posible: de mantenerte en tu zona de confort. De gastar la menos energía posible en conscientemente llevar a cabo una acción la cual podemos evitar para conseguir comodidad en el corto plazo.

Por eso es mucho más probable que ese nuevo hábito se establezca si lo llevas a cabo a primera hora en la mañana, cuando tu fuerza de voluntad es mayor. Más al respecto ya abordamos en un post pasado.

Cuánto tarda en formarse un nuevo hábito

Y ahora, sabiendo lo anterior, la pregunta que muchos quieren que responda: ¿cuánto tiempo se tarda en establecer un nuevo hábito?

La respuesta no son los míticos 21 días. Ni siquiera 30.

Son 66.

Estudios han encontrado que solamente cuando seas constante por 66 días es que un nuevo hábito se establecerá instintivamente, y a partir de ahí no tendrás que hacerlo conscientemente: ya será automático y hasta adictivo.

Así que la clave es simple: ejercita el ciclo del hábito constantemente por 66 días y tu nuevo hábito se establecerá o tu mal hábito desaparecerá.

O mejor dicho, el mal hábito será reemplazado por uno bueno. Pero esto es materia de un próximo artículo.

Buenos Hábitos